En Lanús hay un muro. De un lado, los tanos; del otro, los negros. Unos identificados con su origen obrero europeo, los otros con una especie de nuevo “gentilicio” que reúne a bolivianos, paraguayos y argentinos. Pero no cualquier boliviano, paraguayo o argentino, solo los pobres.

En Lanús hay un muro. Ese que da entidad a Los Otros. Ese que dice de acá para allá sos o no sos. Ese que separa Villa Giardino –el barrio de los tanos– de Acuba –el de los negros–.
En Lanús hay un muro. En el muro un boquete. Por ahí cruzan los negros la frontera física que los separa de los tanos. Las fronteras culturales, no se cruzan. O sí: con balas.

Josefina Licitra buscaba una historia en el conurbano. Y encontró muchas. Tantas que ninguna la convencía. Hasta que, como sucede habitualmente con las cosas que merecen ser contadas, la historia encontró a Josefina.
Hay una muerte. Una muerte, que como el muro, une y a la vez separa dos barrios. Una muerte que atraviesa ese muro que divide a tanos de negros. Pero no es cualquier muerte: detrás del cadáver de Héctor Daniel Contreras se esconden varias verdades que nadie dice, que otros conocen y que muchos callan. Que los medios tergiversan y/u omiten. Que Licitra decide contar, a pesar de todo.

Basura, casillas, tierra, cemento, cemento roto, agua, agua fétida, punteros –políticos y de los otros-, policías, balas, palos, motos y más basura. Asco, tristeza, compasión, indignación y desesperación. Miedo. A la muerte, a la vida. En medio y a pesar de eso –según sus propias palabras– una cronista de clase media contando una historia de pobres. De pobres contra pobres; de una guerra sin cuartel entre quienes aún no han identificado al verdadero enemigo. La tierra arrasada en el conurbano no es estrategia, es realidad de unos, y no de otros. La tierra de nadie, un simple muro, tan delgado que es fácil romperlo. Tan grueso que es difícil que desaparezca.
Los Otros es una crónica ineludible de un fragmento del conurbano bonaerense. Olores, sabores, texturas, imágenes y sonidos -todo lo que tiene que tener una buena crónica- de una pequeña parte de ese gran espacio socio-político dibujado por la pluma exquisita de una gran cronista.